Abrí los ojos en la camilla. Lo recuerdo como en las películas, un camino largo de techos descascarados y luces blancas de tubo.
Dormí
durante no se cuantos días. No entiendo nada, lo único que sé es que el
enfermero del turno noche definitivamente no es mi amigo.
A la mañana alguien me saca al sol, como si yo fuera una sabana para secar, y me sientan
en un banco por el cual no me tengo que pelear. Una tipa se me sienta
al lado y, aunque ya esta grande, juega con muñecas, yo me miro y
quiero jugar con las mías, pero no me dejan.
Hay otra cosa que si sé; las paredes son altas, muy altas.
Mamá
me viene a visitar aveces, no me trae comida ni cigarros, en cambio, me
trae penas, dolores que pican y molestan como la san puta!y ahora me
duelen las uñas, me duelen los dedos, la cara, me duelen las puntas de
los pelos.¡ me duele! me duele hasta el pinchazo y ahora ya no duele
más.
Ya me canse de hablar, acá nunca te escuchan y si pueden
tampoco te miran. Y aunque les digo que prefiero no tener visitas, mamá
sigue viniendo y con ella siempre es lo mismo.
Estoy muy cansada.
Anoche
volvió el enfermero, Me mostró una soga, me dijo que si me porto bien
me la va a dar para que salga a dar un paseo saltando las paredes altas.
Yo no le creo, ya se que miente. No me va a dejar salir.
Pero la soga es de verdad y cuando se descuide me voy ir y él también.
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