Hace ya tres días que no salgo de casa y he decidido que no volveré a salir. Tampoco volveré a encender la TV, la desconecte junto con la radio y otros artefactos. ¡Me molestan soledad!, sus voces...son irritantes, sus atropellos, sus bajesas, sus agendas ocupadas, el desgano, sus dobles intenciones, el hambre que poseen que parece que nunca acaba, el desamor.
No los necesito, de todos modos no hacen más que dolerme y ya no los resisto, soledad.
Al principio pensé que esta vez sería como las otras; algo pasajero que con dos días de llanto y confinamiento aliviarían mi sentir desposeído, que luego podría volver a ellos, a amarlos y abrazarlos como se abrazan los insectos a la luminiscencia de un farol, pero no, no puedo volver soledad. Últimamente solo me encuentro a gusto cuando te escribo, creo que vos y yo nos parecemos hasta en la letra "D" que se oculta en la palabra que antecede, en cambio con ellos me inunda un océano de diferencias que me ahoga en su fondo solo para encontrarte nuevamente, como en cada par de ojos extranjeros, ahí estas.
Por eso, ya no volveré a intentarlo Soledad, porque no es el egoísmo ni la arrogancia lo que más me molesta de ellos, no, lo que más me molesta es que me alejan de vos.
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