Yo conozco lo que le cuentas al árbol que miras por la
ventana todas las mañanas. Sé lo que te marchita. Sé que el mundo inmundo te va
doliendo, Que dormís todas las noches pero le temes a los sueños.
Piensas que la paz está en las montañas, o en el silencio de la nada en el medio de ningún
lado.
Amigo mío, si la paz no está contigo no podrás ir a donde quieras sin notar su ausencia. La paz no te espera en el aeropuerto, ni está sentada en un café esperando a que llegues. Supongo que esto no te es ajeno y te abruma, porque la verdad pesa y espanta.
Amigo mío, si la paz no está contigo no podrás ir a donde quieras sin notar su ausencia. La paz no te espera en el aeropuerto, ni está sentada en un café esperando a que llegues. Supongo que esto no te es ajeno y te abruma, porque la verdad pesa y espanta.
Sabés muy bien, siempre puedes retornar. Cerrar los
ojos y recordar los más cálidos momentos de tu niñez y
quedarte en ese lugar donde todo era más calmo por el tiempo que quieras.
Yo voy a extender mis brazos para atraparte y
arroparte, para calmarte y llevarte a casa hasta que estés listo para la
enlistarte en tu próxima batalla. Y cuando salgas de nuevo al campo ya habiendo
sanado, vas a olvidarte los errores que siempre cometes, vas a correr sin sosiego hasta volver a
tropezar, entonces recordaras mi número
de teléfono, me extrañaras más de la
cuenta, tocaras el timbre una madrugada cualquiera, Y yo extenderé mis
brazos, te llevare a casa, te pondré curitas, y se me desprenderán las vendas para meter el
dedo en la herida en tu próxima partida.
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